La columna de MilanVS - 2020

En las mejores familias

(19-03-20)

 

 

Ha ocurrido, ocurre y ocurrirá; como se suele decir: hasta en las mejores familias. Somos capaces de discutir por un “quítame allá esas pajas” cuando todo va bien, o relativamente  bien, y de unirnos ante la adversidad cuando vienen  mal dadas.

 

Ante la crisis del coronavirus, imagino que los enfermos nacionalistas que lo hayan pasado, o lo estén pasando mal, no se fijarán si el sanitario que los atiende lleva lazo amarillo o tiene el grado C de catalán, gallego, vascuence, valenciano o árabe andalusí. Si el diagnóstico y el tratamiento son rápidos y efectivos supongo que serán bien recibidos aunque sean made in Spain.

Por otra parte me llama la atención que ha descendido el uso del lenguaje inclusivo. No oigo hablar de infectados e infectadas. Ni muertos y muertas.

 

Tampoco observo diferenciación machista o “feminazista” en los aplausos “balconiles”; esa  muestra de agradecimiento que en un principio iba dirigido al colectivo sanitario y que se ha ido ampliando, o debería ampliarse, a otros abnegados servidores públicos (y privados), como fuerzas de seguridad, dependientes de tiendas y supermercados, profesionales de la limpieza, etc…  Se aplaude igual a hombres que a mujeres.

Pero el summum del summum, lo más de lo más, es que, para combatir con eficacia al coronavirus, la Sanidad ha tenido que centralizarse bajo un mando único: el del Ministerio. Es decir: se han suspendido las competencias de las 17 autonomías, en materia de Sanidad (añadiéndose la militar), para ser más efectivos. A lo peor, esa falta de recentralización, ese miedo a quitar competencias,  fue lo que provocó la tardía respuesta  a un problema que, como estamos viendo, no estaba controlado, ni de lejos, como nos quisieron hacer creer. ¿Tomamos nota para el futuro?

Cuesta pensar que esta crisis tiene algo positivo, pero lo tiene. Como cualquier otra. De momento nos ha sacado de nuestra zona de confort y nos ha recordado nuestra vulnerabilidad. También ha unido a gente de todos los colores (salvo 4 descerebrados), en la responsabilidad de acatar y poner en práctica las medidas necesarias para que la curva de la pandemia baje, en un deseo natural de volver a la normalidad, de tirar “palante”  y  disfrutar de la vida.

Desgraciadamente, cuando la crisis sanitaria pase, porque pasará, tendremos que acometer una secuela que se presenta realmente cruda: la crisis económica que ahora mismo ya empieza a mostrarse en forma de despidos, ERES y ERTES por parte de algunas empresas, y pone a prueba, una vez más, la capacidad de resistencia especialmente de los autónomos.

 

Quedará por ver la reacción de nuestro gobierno. Tengo claro que no va a dimitir ni el tato. Como de costumbre la maquinaria vende humos de la siniestra culpará a otros de todos los males y la autocrítica será la de siempre: cero. En cualquier caso la coalición quedará tocada porque se sabe que ha habido discrepancias en la gestión de una crisis que, al entrar por la puerta, acabará sacando al amor por la ventana, máxime en un matrimonio de conveniencia como el que  nos gobierna.

 

Una vez más será la ciudadanía la que tendrá que sacrificarse para salir adelante, como en la posguerra o en las diversas crisis económicas vividas. No espero sacrificio ni esfuerzo por parte de la acomodada clase política. No es habitual.  Sólo espero de ella que, al menos,  establezca un orden de prioridades acorde a las circunstancias, empezando, por ejemplo, por el empleo y siguiendo por valorar las competencias que debe recuperar el Estado o  igualarlas en todas las CCAA, a fin de ser más efectivas. Al menos Franco ya no es prioridad, aunque se siga utilizando de comodín.

 

El coronavirus, mata o muere pero no modifica neuronas y mucho me temo que la enseñanza de unión que nos va a dejar se diluirá en el tiempo, nuestra clase política volverá a discutir por zarandajas y lamentablemente arrastrarán a esa parte del pueblo de vida pobre que se siente mejor en la confrontación continua por cualquier memez. Ocurre en las mejores familias.